*por Mathías Gonnet
España es rey del planeta fútbol. La selección de Luis De la Fuente derrotó 1-0 a Argentina en la final disputada en New Jersey y se proclamó campeón del mundo por segunda vez en su historia.
El marco previo, espectacular a todo nivel, entregaba la mejor postal para echar a rodar un nuevo duelo por la corona mundialista. Los dirigidos por Scaloni, con tres variantes en su oncena respecto al duelo semifinal ante Inglaterra, se medían a la temible versión colectiva de los españoles, que repetían equipo e intenciones en busca del cetro.
La pelota rodó y el encuentro mostró a España como claro dominador de las acciones desde el minuto uno. Con Rodri como manija partiendo desde el mediocampo, La Roja se adueñó por completo del esférico y comenzó a avanzar hacia la dirección de “Dibu” Martínez.
Argentina, imprecisa y abocada exclusivamente a defender el cero en su valla, se limitó a correr detrás del balón mientras los hombres vestidos de rojo lo hacían circular por todo lo ancho del terreno de juego. La primera parte se fue con empate sin goles, pero con la sensación de que los conducidos por De la Fuente ya merecían mejor suerte.
No cambió mucho el segundo acto, que apareció en escena tras el primer show de medio tiempo en la historia de los Mundiales. Los comentarios sobre el mismo, en otro momento. Hablemos de fútbol. La selección de Scaloni mantuvo su postura en versión resistencia y España empezó a cambiar hombres en busca del puntillazo final.
En tal sentido, Ferrán Torres se hizo presente en la cancha en lugar de Oyarzábal, impreciso en el tramo final del ataque. Argentina aguantaba pero el vendaval español hacía creer que esta historia se resolvería más temprano que tarde a favor de los europeos.
Para peor, Enzo Fernández vio la tarjeta roja cuando el juego entraba en su etapa final y las sensaciones terminaron de pintarse de negro para los argentinos. La albiceleste resistió hasta el cierre del tiempo reglamentario pero el alargue parecía, justamente, demasiado largo para el poco combustible restante en el bando sudamericano.
Y así fue. España tardó 15 minutos más en quebrar el muro llamado Emiliano, pero lo hizo apenas iniciado el segundo chico del tiempo extra, por intermedio de Ferrán Torres. El atacante de Barcelona aprovechó una buena asistencia de Nico Williams para castigar de zurda y desatar el delirio de los españoles. Gol y sensación de triunfo.
Poco pudo hacer Argentina en busca del empate, en un puñado de minutos donde los europeos administraron el esférico hasta el pitazo final del árbitro. El cierre llegó, y con él, el festejo mundial de España, que atrapó su segunda estrella haciendo gala de una escuela futbolística distinguible y admirable. Tal como en 2010, los españoles vuelven a ser los reyes del fútbol. Y está bien.